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La confianza depositada en un joven profesional de la aviación se vio traicionada por una decisión inesperada y devastadora, desatando una investigación internacional que puso en jaque los protocolos de salud mental

Originario de una pequeña ciudad alemana, soñaba con volar desde la adolescencia (AFP)

Andreas Lubitz, un joven piloto alemán que parecía haber alcanzado el sueño de su vida, protagonizó una de las tragedias aéreas más impactantes de la historia contemporánea cuando, el 24 de marzo de 2015, asumió el control del vuelo 9525 de Germanwingsy lo precipitó deliberadamente contra una montaña en los Alpes franceses.

Aquella mañana, 150 personas entre pasajeros y tripulantes partieron de Barcelona rumbo a Düsseldorf, sin sospechar que nunca llegarían a destino.

Desde pequeño, Lubitz mostraba un interés genuino por la aviación. Nacido en Montabaur, una localidad alemana de apenas unos 13.000 habitantes, su casa estaba cerca de una pista de vuelo y, según testimonios recogidos por vecinos y amigos, desde la adolescencia soñaba con ser piloto y daba sus primeros pasos en un club local de planeadores, tal como informó The Guardian

Fuente: InfoB

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