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Nación – Cada 25 de junio se conmemora en Argentina el Día del Psicólogo Social, fecha establecida en homenaje al nacimiento de Enrique Pichon-Rivière, el médico psiquiatra que sentó las bases de esta disciplina en el país. Su pensamiento, que sostiene que ninguna persona puede entenderse al margen de sus vínculos, su comunidad y su contexto histórico, sigue vigente hoy en escuelas, hospitales, organizaciones barriales y espacios comunitarios, incluso en regiones como el NEA, donde el trabajo grupal y la construcción de redes territoriales tienen una larga trayectoria.

Sin embargo, esta edición de la efeméride encuentra a la profesión en un escenario complejo y desafiante. La crisis económica y sus consecuencias emocionales han transformado la demanda de atención, multiplicando las consultas mientras se reducen las posibilidades de acceso a los tratamientos. Los profesionales se ven obligados a sostener, muchas veces con escasos recursos y de forma aislada, una necesidad que no deja de crecer en todo el territorio nacional.

Un informe elaborado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada, perteneciente a la Facultad de Psicología de la UBA, profundiza en esta realidad tras relevar cerca de 2.200 casos en todo el país. Los datos muestran que más de la mitad de las personas consultadas atraviesa una crisis personal, vital o económica. Además, casi siete de cada diez no realiza ningún tratamiento psicológico; de ese grupo, la mitad reconoce que lo necesita pero no puede costearlo. Las dificultades económicas se convierten así en el principal obstáculo: explican más de cuatro de cada diez abandonos o imposibilidades de iniciar una terapia.

En este contexto, la fecha no solo sirve para reconocer la labor de quienes trabajan en el área, sino también para visibilizar una situación crítica: la salud mental se ha convertido en una deuda pendiente del sistema de protección social. Los psicólogos sociales señalan que su tarea es hoy más necesaria que nunca, pero que requiere políticas públicas, cobertura suficiente y condiciones dignas para poder responder a las demandas de una sociedad que atraviesa una profunda tensión emocional y económica.