Este 16 de septiembre se celebra el Día del Almacenero, pero la fecha encuentra al sector atravesando uno de los momentos más difíciles de las últimas dos décadas. Los almacenes de barrio —espacios que durante generaciones fueron el corazón de la vida cotidiana de los vecinos— registran una caída del consumo que comerciantes de todo el país, incluida Misiones, comparan e incluso consideran más profunda que la crisis de 2001. Los estantes siguen llenos de mercadería, pero lo que falta es el dinero en el bolsillo de los clientes.
Ismael Ortigoza, presidente del Centro de Almaceneros de Misiones, resumió la gravedad del escenario tras reunirse con colegas de la provincia: en pocos días se enteró de que tres almaceneros con más de 40 años en el rubro habían bajado la persiana por falta de ventas. El comerciante, con más de cinco décadas de trayectoria, afirmó que ni siquiera en 2001 la parálisis fue tan prolongada como la actual, que ya lleva cerca de dos años sin señales de recuperación. Las compras se redujeron a lo estrictamente indispensable y cada vez son menos los clientes que pueden llevar productos más allá de la comida básica.
Ante esta realidad, los almaceneros recurren a estrategias de supervivencia. Una de las más extendidas es fraccionar los productos: vender fideos, arroz, harina o almidón en cantidades mínimas, de a cuartos o medios kilos, para adaptarse a lo que cada familia puede pagar ese día. Volvió también la libreta del fiado, herramienta que parecía superada y que hoy es la única forma de sostener el consumo de muchos hogares. Incluso reapareció el trueque: vecinos que llevan ropa o calzado a cambio de alimentos básicos. A todo esto se suma la presión de los gastos fijos —luz, agua, alquiler— que suben de forma constante y dificultan mantener el local abierto.