A casi una semana del triunfo de Luiz Inácio “Lula” da Silva en Brasil, el presidente Javier Milei optó por asumir como propio el costo político de la derrota de Flavio Bolsonaro y mantuvo un silencio explícito ante el nuevo mandatario brasileño. La decisión generó sorpresa y abrió interrogantes sobre la maniobra diplomática que permitió la salida del hijo mayor de Jair Bolsonaro desde suelo argentino, así como sobre las divisiones internas que atraviesa la Casa Rosada.
El episodio más significativo se registró a mitad de semana, cuando —tras una serie de versiones que la propia Casa Rosada movía— Flavio Bolsonaro huyó con su familia por Puerto Iguazú, en Misiones, en un vuelo privado, tras una coordinación entre Milei y Donald Trump. La difusión en redes sociales del rol central del asesor presidencial Santiago Caputo en el despliegue despertó críticas incluso dentro del oficialismo: “Cuando la CIA actúa, nadie se entera”, planteó una fuente del Gobierno al cuestionar la exposición pública de un operativo que debió mantenerse en reserva.
Desde el entorno del mandatario justificaron la postura con un argumento geopolítico de fondo: “Al Presidente le chupa un huevo mejorar la relación con Lula. La mirada geopolítica es que en Brasil ganó China y nosotros somos Estados Unidos”. A la vez, aseguraron que la decisión no afectará el vínculo comercial con Brasil, que describieron como “en niveles históricos”. No obstante, la falta de un comunicado de felicitación al nuevo presidente brasileño y la visibilidad del operativo de fuga mantienen en vilo a los sectores que temen un desgaste innecesario en la relación bilateral.
La semana dejó además al descubierto una interna a tres bandas dentro del oficialismo que frena el avance de una agenda legislativa compleja. Mientras algunos sectores impulsan la reforma política y la suspensión de las PASO, otros cuestionan la exposición mediática de operaciones sensibles y reclaman mayor cautela. El resultado es un Gobierno bloqueado por sus propias contradicciones, que deberá definir en las próximas semanas si prioriza el alineamiento con la ultraderecha internacional o reconstruye puentes con el vecino del Mercosur.