La decisión del gobierno de La Rioja de volver a poner en circulación los llamados «Chachos» se inscribe en una larga tradición argentina de emisión de monedas alternativas durante períodos de restricción fiscal y falta de liquidez. El gobernador Ricardo Quintela oficializó el regreso de los Bonos de Cancelación de Deuda (BOCADE), que comenzaron a distribuirse el 17 de agosto y alcanzarán a unos 80.000 beneficiarios, con una inyección estimada de $4.000 millones en la economía provincial. Los bonos mantienen paridad uno a uno con el peso y podrán utilizarse en comercios adheridos, para pagar impuestos y servicios provinciales, con vigencia hasta diciembre de 2026.
El mecanismo no es nuevo en el país. Su mayor expansión ocurrió durante la crisis de finales de 2001, cuando la escasez de liquidez obligó a quince provincias y al Gobierno nacional a emitir sus propios títulos para cumplir pagos. En ese contexto surgieron los Patacones en Buenos Aires, los Lecor en Córdoba, los Quebracho en el Chaco, los Bocade en La Rioja y Tucumán, entre otros. En total, las cuasimonedas llegaron a sumar más de $8.500 millones en circulación, funcionando como complemento del peso hasta que el FMI exigió su retiro a partir de 2002.
La Rioja ya había recurrido a esta herramienta en julio de 2024, emitiendo billetes de distintas denominaciones que se aceptaron con amplia aceptación. En aquella oportunidad, hasta un 30% de los sueldos estatales se abonó en esta moneda provincial, y el ciclo se completó con la totalidad de los bonos recuperados antes de su vencimiento. Ahora, con el regreso de los Chachos, la provincia reactiva una herramienta que históricamente ha servido para mantener el consumo local cuando los fondos nacionales no alcanzan.