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China – El campo chino suma una nueva dimensión a su histórica capacidad productiva: además de los récords mundiales de cereales, se expande con fuerza la llamada agricultura del ocio, un modelo que transformó miles de explotaciones rurales en destinos turísticos y generó un mercado que supera los 132.000 millones de dólares anuales.

El país acostumbra a sorprender con sus cifras agrícolas: cuenta con apenas el 9 % de las tierras cultivables del planeta y sin embargo alimenta a casi una quinta parte de la humanidad, con una producción de 714,9 millones de toneladas de granos —equivalente a la suma de lo que cosechan India, Estados Unidos y Brasil juntos. Ahora, a ese volumen se suma una reconversión comercial en la que vender arroz, frutas o té ya no es la única fuente de ingresos: hoy también se cobra por conocer el paisaje, participar en la siembra o alojarse en el campo.

El fenómeno responde a un profundo cambio demográfico: el 67,9 % de la población vive ya en ciudades, y millones de personas buscan acercarse a la naturaleza y entender cómo se producen los alimentos que consumen. Las experiencias van desde visitas guiadas hasta estancias completas, y en la actualidad son 587.000 establecimientos rurales los que ofrecen este tipo de servicios en todo el territorio.

Aunque la idea no nació en China —ya existía en Japón, Corea del Sur y varios países europeos—, el país la transformó en un fenómeno de escala masiva. Esta reconversión también busca reducir las brechas entre las ciudades costeras ricas y las zonas del interior, en un contexto marcado por el envejecimiento de la población y la necesidad de dar nuevas oportunidades económicas al mundo rural.