Franco Macri no dejó que nadie más intercediera en la negociación con los captores de su hijo y pagó USD 6 millones. Fue el último golpe de “la Banda de los Comisarios”, que operaba desde la dictadura
Mauricio Macri fue liberado el 5 de septiembre de 1991. Franco, su padre, estimó que la «pared de dólares» destinados al rescate medía tres metros de largo y uno de alto. (DyN)
Lo primero que pensó Mauricio Macri dentro del ataúd fue “soy claustrofóbico”. Lo segundo que pensó, inmediatamente, fue “¿y eso qué importa, si de esta seguro no zafás?”. El 24 de agosto de 1991 acababa de empezar y el vicepresidente de Sociedad Macri (SOCMA) ya era rehén del último secuestro que cometería la llamada “Banda de los Comisarios”. El último y el más resonante: el inventor de SOCMA, Franco Macri, era ya uno de los magnates más importantes de la Argentina y había construido un imperio. Mauricio era su primogénito y, a juzgar por el deseo y el mandato de Franco, sería su sucesor. En cambio, el futuro le deparaba la Presidencia de la Nación, pero esa noche de invierno, en Tagle y Figueroa Alcorta, todavía nadie podía imaginarlo.
Apenas unos minutos antes del encierro en el ataúd que medía ocho centímetros menos que su cuerpo, Mauricio Macri vio cómo dos hombres se le venían encima. Estaba por entrar al edificio en que vivía, a metros de la entonces ATC y del mítico Rond Point, en el corazón de Palermo Chico. Creyó que iban a robarle, así que sacó la billetera del bolsillo de atrás del pantalón y mostró las llaves del auto del que acababa de bajarse sin mostrar resistencia.
Pero una trompada seca en la cara le hizo saber que eso era más que un robo y lo desestabilizó. Muchos años después, frente a las cámaras de televisión, Mauricio Macri recordaría el farol público deliberadamente apagado para que el ataque pasara lo más desapercibido posible en la noche porteña.
Fuente: InfoB