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Cada vez más, líderes políticos confrontan contra la prensa para polarizar, crear un enemigo y ganar adeptos, una práctica que atenta contra la calidad institucional de los países

La libertad de expresión y el periodismo están amenazados bajo las autocracias y los populismos

La Declaración de Derechos de Virginia -redactada en junio de 1776- fue el documento que daría institucionalidad a la Independencia norteamericana y el antecedente más próximo que insuflaría vida a la Constitución de los Estados Unidos.

En esa declaración firmada por las colonias británicas se destacaría la Sección 12: “Que la libertad de prensa es uno de los grandes baluartes de la libertad, y sólo puede ser restringida por gobiernos despóticos”. Para los hagiógrafos de Virginia, silenciar a la prensa era algo que podía sólo ocurrir bajo “gobiernos despóticos”, algo de lo que se estaban independizando con su incipiente democracia.

Ese concepto trascendental sería luego incluído primero entre las diez enmiendas de la Constitución norteamericana en 1791. Estos derechos eran innegociables para los Padres Fundadores y así lo sellaron en la Carta Magna, inspiradora de otras a lo largo del continente: “El Congreso no aprobará ninguna ley (…) que coarte la libertad de expresión o de prensa”.

Fuente: InfoB

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