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Elegir una carrera universitaria representa una de las primeras decisiones importantes para quienes están por terminar el secundario. La vocación, las expectativas personales y el conocimiento de determinadas profesiones suelen intervenir en ese proceso, aunque las condiciones económicas incorporan nuevas variables. En un escenario donde los gastos cotidianos presionan sobre los presupuestos familiares, definir qué estudiar también implica evaluar los recursos necesarios para comenzar y sostener una formación que puede extenderse durante varios años.

Un relevamiento de Junior Achievement permite observar algunas de esas preferencias. La investigación, realizada entre más de 6.500 alumnos del último año del secundario que participaron del programa Socios, identificó a Abogacía, Medicina y Administración de Empresas entre las opciones más elegidas. Los resultados muestran que las profesiones tradicionales mantienen una presencia importante en las aspiraciones de los adolescentes, incluso mientras se multiplican nuevas actividades vinculadas con la digitalización.

El contraste aparece al observar las disciplinas emergentes. Según el estudio, las carreras relacionadas con inteligencia artificial, ciencia de datos y ciberseguridad concentraron apenas el 3,6% de las elecciones registradas. El porcentaje corresponde específicamente a esas especialidades y no comprende necesariamente todas las alternativas de formación tecnológica, pero permite plantear una diferencia entre la creciente visibilidad de estas áreas en el mundo productivo y el lugar que ocupan entre las preferencias de los jóvenes.

Más allá de las preferencias vocacionales, el desafío central para muchos estudiantes es cómo financiar una carrera universitaria en un contexto económico adverso. El endeudamiento juvenil, la necesidad de trabajar para sostener los estudios y los costos de materiales, transporte y alimentación se han convertido en obstáculos crecientes que definen, en muchos casos, quién puede acceder a la educación superior y quién debe postergarla o abandonarla. En este escenario, la elección de una carrera deja de ser solo una cuestión vocacional para convertirse también en una decisión económica que marca el futuro de miles de jóvenes argentinos.