El riesgo país superó el viernes los 600 puntos básicos, su nivel más alto en lo que va del año, y disparó múltiples lecturas entre analistas. La suba ocurrió un día después de que el INDEC informara un salto de 4 puntos porcentuales en la pobreza y una fuerte retracción de la actividad económica en julio. Para muchos, el deterioro de los bonos en dólares tiene una relación directa con esos números: la caída del consumo, la recesión y el aumento de la pobreza serían la causa del mayor temor entre inversores.
Sin embargo, otras voces señalan factores financieros más concretos: la menor compra de divisas por parte del Banco Central, que en septiembre apenas sumó USD 232 millones y registró días sin acumular reservas, así como la suba de tasas en Estados Unidos, que vuelve menos atractivo invertir en mercados emergentes. Pero hay un elemento que pesa más que los indicadores del momento: la percepción política. Los inversores siguen con inquietud que el kirchnerismo se mantiene competitivo de cara a las elecciones de 2027 y ven con alarma la posibilidad de un retorno a políticas que consideran «populistas», más allá de la coyuntura económica actual.
La gira sorpresiva del gobernador Axel Kicillof por Nueva York, donde mantuvo reuniones con inversores, también fue observada con atención. No tanto por lo que se dijo en esos encuentros, sino por lo que simboliza: la existencia de una alternativa política que podría modificar el rumbo económico en el futuro. Para los mercados, el verdadero riesgo no está solo en los números de hoy, sino en la incertidumbre sobre el programa que podría aplicarse mañana, y en la sensación de que la estabilidad conseguida hasta ahora podría ser desarmada rápidamente si cambia el signo político del Gobierno.