A los 50 años, Pablo Mel cumplió una promesa que se hizo a sí mismo en la adolescencia: dejar todo para recorrer el país. Vendió sus bienes, cerró una ferretería que había dirigido durante 17 años y transformó un antiguo camión de bomberos alemán de 1977 en su hogar rodante. “Me lo auto regalé cuando cumplí 50 años”, cuenta el hombre de 54 años, que decidió cambiar la rutina por la incertidumbre del camino, tal como había confesado a sus amigos en un viejo video grabado en VHS cuando apenas tenían 18 años.
Separado hace tres años, emprendió el viaje sin rumbo fijo ni planificación. “El hecho de no planificar nada, me cambió absolutamente la cabeza”, reconoce. En casi cuatro años de travesía recorrió 20 provincias argentinas, pero lo que menos esperaba hallar fue lo más importante: en la ruta recuperó la alegría, sanó heridas que creía imborrables y encontró nuevamente el amor. La vida que prometió de joven se convirtió en algo mucho más grande y hermoso de lo que jamás pudo imaginar.