Valle de Colanzulí, Salta – A más de 4.000 metros de altura, en plena Puna salteña, el clima ya no responde a los ritmos que la comunidad conocía desde hace generaciones. En el territorio que conforma la llamada ruta de los papines, los cambios bruscos entre frío intenso y calor extremo, las sequías prolongadas y las inundaciones repentinas ponen en riesgo la producción y la vida misma. Son las mujeres kolla quienes, con saberes ancestrales y nuevas estrategias, se convirtieron en el pilar fundamental para sostener la vida en este ecosistema vulnerable.
La supervivencia del valle depende principalmente del cultivo de papines andinos y del cuidado del ganado, actividades que sufren directamente por la pérdida de previsibilidad de las lluvias y el acceso al agua. Ante este escenario, ellas organizan el trabajo cotidiano, recuperan técnicas antiguas de conservación de suelos y diseñan formas de adaptarse al calentamiento global, transformando la amenaza climática en una oportunidad para fortalecer su identidad y su economía.
Uno de los pasos más importantes que impulsan es la creación de un sello de origen para los papines de Colanzulí. Esta herramienta permitiría diferenciar su producción, dar visibilidad al esfuerzo que implica cultivar a esa altura y mejorar la cadena de valor, para que el trabajo que realizan en la tierra tenga un reconocimiento justo en el mercado.
Su labor va mucho más allá de la agricultura: son las guardianas que transmiten el conocimiento sobre el agua, las estaciones y el equilibrio con la montaña, demostrando que el diálogo entre la tradición y la innovación es el mejor camino para resistir los desafíos del presente.