Córdoba – Hace un año que el influencer uruguayo Yao Cabrera cumple condena en el penal de Bouwer, tras quedar firme la sentencia de cuatro años de prisión por el delito de reducción a la servidumbre. Ahora, su madre Rita, su hermano Matías y su abogado hablan por primera vez para contar su versión: aseguran que, más allá de la pena, lo que más daño le causa son las acusaciones que circulan en redes sociales y la exposición mediática que, según ellos, lo convirtieron en un blanco permanente.
Cabrera alcanzó gran popularidad en redes, llegando a sumar más de 25 millones de seguidores, y había instalado su centro de producción en una “mansión” en la localidad bonaerense de Escobar. Pero tras la denuncia de una de sus colaboradoras, la Justicia determinó que la sometió a jornadas laborales excesivas, sin pago regular y bajo condiciones de control estricto, configurando el delito por el que fue condenado. Su familia, sin embargo, sostiene que la pena es excesiva y que sobre él pesan acusaciones no probadas.
“Es todo mentira. Nunca le secuestraron material de abuso sexual infantil ni encontraron una prueba sobre esos delitos. No tenía redes de prostitución ni de trata”, afirmó su hermano Matías, quien denunció que circulan rumores falsos que agravan su situación. “Terminó siendo víctima de una persona que se encargó de mentir y manipular mediáticamente para arruinarle la vida. Al punto de que Yao hoy es más conocido por delitos que no cometió que por su propia carrera como creador de contenido”, agregó.
La familia advierte que, incluso cuando cumpla su condena, el daño ya está hecho: “Cuando salga, no va a poder caminar por la calle”, expresaron preocupados por el odio y los comentarios agresivos que recibe en redes. Desde su defensa, encabezada por el abogado Fernando Madeo Facente, señalan que se trata de una persecución judicial y mediática, mientras que la sentencia firme sigue vigente y la causa se mantiene cerrada en sus puntos principales.
El caso muestra cómo la fama digital puede transformarse rápidamente en un escenario de acusaciones cruzadas, donde conviven la decisión judicial firme, la versión de la defensa y la repercusión pública que condiciona tanto la situación del preso como su futuro una vez recuperada la libertad.