Rufino, Santa Fe – En la madrugada del 10 de mayo de 2015, la pequeña ciudad santafesina de Rufino vivió el inicio de una tragedia que luego conmocionaría a toda la Argentina. Chiara Páez, una adolescente de apenas 14 años, alegre, estudiante y querida por todos quienes la conocían, desapareció sin dejar rastro. Lo que nadie sabía en ese momento era que la joven, que además estaba embarazada de pocas semanas, ya había sido asesinada a golpes por su novio, Manuel Mansilla, y que su cuerpo yacía enterrado en el patio de la casa donde vivía el agresor, oculto bajo tierra mientras la comunidad entera salía desesperadamente a buscarla.
El hallazgo y la revelación de la brutalidad del crimen causaron una conmoción profunda en todo el país. El caso expuso con crudeza la violencia machista que atraviesa la sociedad y puso sobre la mesa una realidad que hasta entonces muchas veces se intentaba invisibilizar: la violencia contra las mujeres, incluso en vínculos afectivos y desde edades muy tempranas. La historia de Chiara, su juventud, su embarazo y la forma en que fue asesinada por quien supuestamente debía cuidarla, se convirtió en el símbolo de todas las mujeres víctimas de femicidio.
Ese hecho atroz fue el punto de inflexión que dio origen a uno de los movimientos sociales más importantes de la historia reciente del país. El grito de “Ni Una Menos”, que surgió como respuesta a este crimen y a tantos otros que se repetían, pasó de ser una consigna a una campaña masiva que llenó las calles, visibilizó la problemática y generó cambios profundos en la agenda pública, en la legislación y en la conciencia colectiva, recordando siempre el nombre de la chica de Rufino que se transformó en un emblema de la lucha por la vida y por la igualdad.