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Buenos Aires – La convivencia política dentro del oficialismo llegó a un punto de saturación absoluta. Las disputas cruzadas, las desconfianzas mutuas y las exposiciones públicas de las diferencias ya no son hechos aislados, sino una constante que marca el día a día de la gestión. A pesar de los fuertes conflictos que marcaron la última semana, el presidente Javier Milei dejó en claro su decisión de mantener en sus cargos tanto a Santiago Caputo como a Martín Menem, dos de los actores centrales en las tensiones recientes. Sin embargo, la estabilidad aparente no logra ocultar que la mesa política de toma de decisiones muestra señales claras de agotamiento y desgaste, mientras los distintos sectores que conforman el espacio libertario redefinen sus alianzas y estrategias.

El clima de incertidumbre se siente incluso en los niveles más altos de la estructura gubernamental. Como reflejó un funcionario de primer nivel en diálogo con Infobae, las propias personas que interactúan diariamente con el Presidente y que deberían interpretar sus pasos con exactitud hoy se preguntan cuál será el impacto real de estas peleas y qué vendrá después. Las facciones enfrentadas, conocidas por sus operaciones en el espacio digital, advierten que no van a bajar la intensidad ni “sacar el pie del acelerador”, mientras que el sector identificado con Karina Milei ya diagramó su propia jugada política para posicionarse de cara a la nueva etapa que se abre. La advertencia que recorre los pasillos es contundente: si estas disputas no se detienen o se canalizan, “algo va a pasar”.

Este momento de crisis interna coincide con lo que analistas y actores políticos identifican como el fin de una etapa dentro del gobierno. La historia organizacional del mileísmo se puede dividir claramente en fases definidas. La primera de ellas transcurrió al inicio de la presidencia, cuando Nicolás Posse ofició como controlador absoluto de toda la gestión. En ese esquema, cada medida, nombramiento o decisión debía pasar por su Jefatura de Gabinete y recibir un doble chequeo, un mecanismo que terminó ralentizando la dinámica del Estado en un momento de cambios profundos y convulsiones constantes. Esa forma de funcionar agotó su ciclo y determinó su salida en mayo de 2024, abriendo camino a nuevas estructuras que hoy, al igual que entonces, parecen haber llegado al límite de su capacidad de funcionamiento