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Buenos Aires – La gestión de Javier Milei atraviesa su momento más delicado desde que asumió la presidencia, marcado por números contundentes que reflejan un fuerte deterioro en la imagen y en la percepción social. Según un nuevo relevamiento de opinión pública, el 60% de la población desaprueba su gestión y el 68% se muestra insatisfecho con el rumbo que toma el país. Lo más preocupante no es solo la caída, sino la tendencia: el Gobierno ya no sigue bajando, pero se estabiliza en niveles críticamente bajos, en lo que los analistas definen como un estancamiento en el malestar. A esto se suma que apenas el 29% de los argentinos dice estar conforme con cómo marchan las cosas, una cifra históricamente baja para el segundo año de una administración.

El eje central de la desaprobación está en la realidad cotidiana. Las principales preocupaciones de la gente son los bajos salarios y la falta de empleo, mencionadas por el 37% de los consultados en ambos casos, seguidas muy de cerca por la corrupción, con un 36%. Es decir, la crisis no se da en debates abstractos, sino en la experiencia diaria: trabajar ya no alcanza para cubrir las necesidades y conseguir empleo se vuelve cada vez más difícil. La percepción es terminante: el 58% cree que el país empeoró en el último año, mientras que el 56% asegura que su situación personal también es peor. El ajuste económico, que fue presentado como la solución, hoy es visto por la mayoría como parte del problema.

El desgaste también se nota en la comparación con otros líderes políticos, un punto sensible para un Gobierno que llegó como una propuesta distinta y excepcional. La imagen positiva del Presidente ronda el 35%, con un diferencial negativo de -24 puntos, ubicándose por debajo de figuras como Patricia Bullrich (37% de imagen positiva) y en línea o detrás de referentes opositores clave. Ya no sobresale frente a otros dirigentes, y al igual que el resto, atraviesa un fuerte descrédito: Milei dejó de ser la excepción para pasar a ser parte del paisaje político general de desconfianza.

Incluso dentro del propio espacio oficialista hay señales de alerta. Aunque conserva un núcleo duro de apoyo, los datos muestran que entre quienes lo votaron conviven dos sensaciones: mantienen cierta expectativa positiva hacia el futuro, pero al mismo tiempo hacen una evaluación muy negativa de la situación actual. En este escenario, las medidas emblemáticas como la dolarización perdieron respaldo, y el capital político del Gobierno se reduce, en un momento donde la demanda social por soluciones concretas, mejora de ingresos y empleo es cada vez más fuerte.