Buenos Aires – En los últimos minutos del Superclásico entre River Plate y Boca Juniors, disputado en el Monumental y con victoria final para el Xeneize por 1-0, se generó una fuerte polémica. A los 48 minutos del segundo tiempo, el árbitro Darío Herrera no sancionó una acción entre el arquero de Boca, Lautaro Blanco, y el defensor de River, Lucas Martínez Quarta, que terminó con este último en el suelo tras un supuesto empujón. El VAR, a cargo de Héctor Paletta, no intervino para revisar la jugada.

Desde la perspectiva reglamentaria, la decisión del árbitro se basó en que el contacto fue considerado leve, sin la fuerza o intensidad suficiente para ser sancionado como infracción. Herrera evaluó que el empujón no provocó un desplazamiento significativo ni alteró de manera clara la estabilidad o el control del defensor de River, concluyendo que carecía de impacto real en el desarrollo de la jugada. Sin embargo, la decisión no convenció a River, y Martínez Quarta reclamó airadamente al juez.

Esta jugada contrastó con otra decisión del mismo árbitro, quien sí sancionó un penal a favor de Boca en el final de la primera etapa por mano de Lautaro Rivero. En esa ocasión, Herrera, tras ser convocado por el VAR, determinó que el defensor de River había ampliado su espacio corporal voluntariamente con el brazo separado del cuerpo, bloqueando un remate de Miguel Merentiel, lo que reglamentariamente constituye una infracción sancionable. La diferencia en la aplicación de los criterios generó debate y descontento en el equipo local.