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Un “aneurisma gigante de carótida oftálmica izquierda”: eso le encontraron a Nacho cuando a los doce años, y antes de jugar un torneo nacional con la selección de básquet de menores de Entre Ríos, fue al médico por una sinusitis repetida. La tomografía que despertó el temor, los rasgos de empatía que encontraron en el camino y la disyuntiva que enfrentó la familia: ¿una vida apagada sin riesgos o vivir los sueños con plenitud a pesar de los peligros?

Nacho con Gabriel, su papá, cuando ya era campeón entrerriano de básquet u13, unos meses antes de que le descubrieran el aneurisma gigante de aorta oftálmica

Nacho Guzmán era un chico feliz: con 12 años había sido elegido para ir a jugar, con la selección de básquet de menores de Entre Ríos, a la provincia de La Rioja. Estaba con la nariz muy tapada. No se sentía mal pero, otra vez, aparecía la repetida sinusitis. Fue por eso que, dos días antes de viajar, sus padres lo llevaron al médico. Querían ver si había alguna forma de despejarle las vías aéreas y que pudiera jugar más cómodo. El profesional, pensando que a lo mejor podría precisar un antibiótico, le mandó a hacer una tomografía. Era solo un estudio para ver cómo tratarlo. Lo llevó su padre Gabriel, se la hicieron y volvieron a casa.

Fuente: InfoB

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