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Durante noventa minutos, en un clima de tensión constante, los candidatos del partido Demócrata y Republicano exhibieron sus diferencias sobre el derecho al aborto, la guerra en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente, la situación económica, la migración indocumentada y la ofensiva global de China

(Desde Atlanta, Estados Unidos) Joe Biden y Donald Trump protagonizaron un tenso debate que exhibió sus profundas diferencias en la agenda doméstica y en la política exterior. Biden y Trump fueron fieles a su base electoral y a sus ideas personales, en una confrontación pública que no arrojó ventajas decisivas para ninguno de los dos candidatos que aspiran a la reelección presidencial.

Biden y Trump son antagonistas perpetuos, y en el primer segundo del debate quedó reflejado lo que piensa uno del otro: no se dieron la mano cuando se encontraron en el estudio de la CNN. Primero llegó el presidente de los Estados Unidos, y a continuación su antecesor. Se miraron de reojo, y nada más. Llevan más de cuatro años de batalla personal a la distancia.

Desde el principio quedó al descubierto como se habían preparado para el debate. Biden enumeraba los temas y se ceñía a su guión entrenado -una y otra vez- en Camp David. Trump, en cambio, sabía los argumentos a desplegar pero confiaba en su capacidad de improvisación.

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