Al anunciar el acuerdo con el FMI, Milei reconoció implícitamente el error de su diagnóstico económico. Ahora enfrenta un dilema clásico de los esquemas de dólar barato y regulado: si devalúa suben los precios y cae la imagen presidencial; si no lo hace, caen las reservas y el abismo se acerca
Javier Milei y Luis «Toto» Caputo
El viernes 14 de marzo, hace apenas nueve días, ocurrieron dos episodios relevantes casi en el mismo instante. El primero de ellos fue la difusión del índice de inflación de febrero, ese 2,4% que refleja, al mismo tiempo, el éxito del Gobierno para bajarla de los niveles recibidos, y los límites de su estrategia para perforar pisos aún muy altos. En el mismísimo instante, a las cuatro de la tarde, una inquietud recorría a los operadores de los mercados financieros. Algo raro estaba pasando. Sobre el final de la jornada cambiaria, la demanda de dólares libres se había incrementado de una manera inusual, a punto tal que el Gobierno se vio obligado a intervenir con una suma inusual, superior a los USD 500 millones, para evitar que la brecha diera un salto demasiado pronunciado. Si alguien abre el cuadro entenderá el motivo de la preocupación. Desde el arranque del año, hasta ese instante, el Banco Central había perdido USD 4.500 millones de reservas. En la semana siguiente, perdería USD 1.500 millones más. La Argentina, pese al enorme ajuste realizado en 2024, se aproximaba nuevamente hacia uno de esos clásicos sacudones.
Fuente: InfoB