Durante 27 años, Nannie Doss mató a cuatro maridos, dos hijas, dos nietos, dos hermanas, una suegra y probablemente a otras personas de su entorno más íntimo. Cayó en 1954 cuando, finalmente, un médico dudó la razón de un deceso y ordenó una autopsia: en el cuerpo de la víctima había una cantidad de arsénico para matar a veinte hombres. La historia de la asesina serial que nunca perdió su sonrisa
Nannie Doss confesó haber asesinado con veneno para ratas a cuatro de sus cinco esposos. Al primero no lo mató: lo llamaron “Charlie, el suertudo”
Tenía 7 años y su vida era un martirio: su exigente padre la hacía trabajar, junto a sus hermanos, en el campo. Sacaba yuyos a mano pelada, araba y sembraba la tierra con sus dedos pequeños y no la dejaban jugar porque eso era perder el tiempo. Por eso, el día que le dijeron que irían en tren a visitar a unos familiares en Alabama se sintió emocionada frente a semejante aventura: nunca había asomado su nariz más allá del alambrado de la granja o la escuela y jamás habían tenido vacaciones.
Esa tarde de 1912 se subió con todos, muy ilusionada, al vagón. Estaba decidida a no perderse nada. Iba en su mundo soñando con otra vida cuando la locomotora realizó un frenado de emergencia. Nannie, con su poco peso, salió volando por los aires y pegó de lleno con su cabeza en el asiento de hierro que tenía más adelante. A partir de ese día, eso es lo que sostuvo ella años después, “sufrí dolores, migrañas severas y desmayos”. El golpe sería su gran excusa para justificar sus cuantiosos crímenes: asesinatos a sangre helada que cometió sin perder, ni por un segundo, su sonrisa amable.
Fuente: InfoB