El inicio del ciclo lectivo en distintas provincias estuvo marcado por estrictos protocolos para la celebración de los estudiantes de secundaria.

El Último Primer Día (UPD) se desplegó este lunes en escuelas de todo el país y dejó escenas que van mucho más allá de la postal habitual de alumnos celebrando el inicio de su último año. La llegada de controles de alcoholemia, protocolos preventivos y un notable despliegue de fuerzas de seguridad en varias provincias marcó un giro en la manera en que los establecimientos y las autoridades enfrentaron el ritual estudiantil que gana fuerza año tras año.

En la Ciudad de Buenos Aires, el Ministerio de Educación optó por un endurecimiento de las normas. Desde el primer día del ciclo lectivo quedó establecido que aquellos estudiantes de último año que se presentaran en la escuela bajo los efectos de bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas no podrían ingresar y se les computaría una falta. También quedaron excluidos quienes mostraran comportamientos disruptivos o llegaran con objetos peligrosos.

Las autoridades educativas debían resguardar a los alumnos en un espacio controlado, contactar a las familias y dejar constancia formal de lo ocurrido. De detectarse riesgos para la salud, la intervención era derivada al SAME u otros servicios de emergencia. La cartera educativa porteña fundamentó la medida en la necesidad de garantizar la seguridad de los estudiantes y el desarrollo normal de la jornada escolar, en un contexto donde el UPD se consolidó como ritual de paso que, en muchos casos, incluye consumo de alcohol y reuniones nocturnas.