La increíble historia de Daniel, uno de los hijos de Arquímedes Puccio, el jefe del clan que aterrorizó a la Argentina con sus crímenes a mediados de los años 80. Detenido en 1985 mientras intentaba cobrar el rescate de la empresaria Nélida Bollini de Prado, pudo esperar la sentencia en libertad. Recién en 1998 fue condenado a 13 años de prisión pero ya no estaba en el país. El 29 de agosto 2011 su pena se extinguió

Daniel «Maguila» Puccio cuando lo detuvieron en Brasil con documentos falsos

En el mundillo de la delincuencia y en el policial siempre se recuerda el hito histórico que logró Daniel Puccio, integrante de la tristemente célebre banda familiar que comandaba su padre, el temido Arquímedes, que se dedicaba a secuestrar y matar pese a que las familias de las víctimas pagaban los rescates en miles de dólares: ser sentenciado pero nunca pagar su condena tras las rejas.

Maguila, como lo apodaron cuando jugaba al rugby en el CASI porque lo vieron parecido al popular dibujo animado Maguila Gorila creado por Hanna Barbera, había sido detenido el 23 de agosto de 1985 cuando esperaba cobrar el rescate por el rapto de la última víctima, Nélida Bollini de Prado, viuda y madre de los dueños de una concesionaria de autos y una empresa fúnebre. Daniel aguardaba en una estación de servicio de Parque Patricios junto a su padre y Guillermo Fernández Laborda, otro integrante de la gavilla cuando la policía los sorprendió porque les venían siguiendo los pasos a través de informes de buchones –delatores- y escuchas telefónicas.

De inmediato otra patrulla procedió a allanar la casona familiar en Martín y Omar 544, San Isidro, donde Alejandro, otros de sus hijos, también rugbier, alias El Zorri, y Mónica, su novia, miraban una película. Allí encontraron en condiciones deplorables a la mujer raptada luego de 32 días de cautiverio. Estaba en un improvisado y hediondo calabozo que habían armado en la vivienda, semiinconsciente por el abandono al que la habían sometido, ya que la alimentaban con galletitas de agua y en el mejor de los casos le alcanzaban una solitaria pata de pollo fría.

Había sido la cuarta víctima de la banda integrada por el despiadado Arquímedes Puccio y los mencionados Alejandro y Daniel. El resto de los hijos, Silvia Inés, Adriana y Guillermo nunca fueron imputados por la justicia. También estuvo involucrada su madre, Epifanía Calvo, quien supo ser profesora de Contabilidad y Matemáticas en la Escuela de Enseñanza Media y Técnica Nº 1 de Martínez y del María Auxiliadora y dijo desconocer el rol de su marido, pero igual pasó casi dos años en la cárcel de mujeres de Ezeiza, aunque luego fue liberada.

El clan delictivo también estaba compuesto por personas que no pertenecían a la familia: Guillermo Fernández Laborda, el coronel retirado Rodolfo Franco, Roberto Díaz, y el albañil Herculiano Vilca, considerado partícipe necesario al igual que el calificado como “entregador” Gustavo Contepomi.

Antes habían secuestrado a Eduardo Manoukian en 1982, por el que la familia pagó un rescate de 250 mil dólares. Pero igual decidieron asesinarlo de tres tiros en la nuca. Manoukian solía jugar al tenis y al fútbol con Alejandro Puccio. Contra el ingeniero industrial Eduardo Aulet, la segunda víctima, la emprendieron en el 83. Lo secuestraron el 5 de mayo y pese a que también su familia acordó pagar 150 mil dólares lo terminaron matando, aunque el cadáver recién apareció cuatro años más tarde. Emilio Naum fue el tercero de los raptados el 22 de junio de 1984. El propio Arquímedes, jefe de la banda, que lo conocía, lo interceptó en la calle, le pidió que lo llevara, y junto a varios cómplices lo masacraron de un balazo cuando se resistió. No obstante eso, a su mujer, Alicia Betti, que cuando se enteró del homicidio de su esposo su vida se desmoronó, se atrevieron a comunicarse con ella por teléfono reclamándole 350 mil dólares de una incomprobable deuda de su marido. Luego se comprobó que el que hacía las llamadas era el propio Arquímedes.

Fuente: InfoB