Nación – En pleno proceso de adjudicación de las obras de dragado y balizamiento de la Vía Navegable Troncal, la firma belga DEME —que quedó en segundo lugar detrás de Jan De Nul y Servimagnus— envió una carta al ministro de Economía, Luis Caputo, con fuertes cuestionamientos al desarrollo de la licitación. La empresa aseguró que está en condiciones de operar la hidrovía con una tarifa un 17,4 % inferior al valor mínimo establecido en el pliego por el Gobierno nacional, una medida que, según sus cálculos, permitiría al Estado y a los usuarios ahorrar al menos 2.500 millones de dólares a lo largo de los 25 años de concesión.
Según planteó la compañía en la nota firmada por su representante Steven Bouckaert, las reglas impuestas durante el concurso le impidieron presentar su propuesta más competitiva. Explicaron que el piso tarifario fijado fue incluso superior al que ellos mismos habían ofrecido en la licitación anterior, anulada en 2025, a pesar de que aquel proceso contemplaba un alcance mayor de servicios y tareas. Para DEME, esta limitación fue clave en el resultado final, ya que eliminó la posibilidad de competir por precio, que suele ser el factor determinante en este tipo de contrataciones.
El análisis del dictamen de la Comisión Evaluadora revela que la redacción del pliego habría favorecido a la empresa que quedó primera y, además, generó un empate técnico en el tramo del peaje —valorado en 120 puntos— al obligar a todas las ofertas a respetar un valor mínimo inamovible. De esta forma, ambas empresas terminaron cotizando el mismo monto, lo que transformó la definición final en una cuestión exclusivamente técnica y no económica. Desde la firma cuestionaron abiertamente la mecánica utilizada: “¿Por qué no se permitió que los consorcios pudiesen bajar el valor establecido y así ser más competitivos?”, se preguntan, al considerar que el proceso funcionó más como un simulacro de compulsa que como una verdadera apertura a mejores condiciones para el país.