Buenos Aires – El Gobierno nacional atraviesa un momento de máxima tensión, con un Javier Milei visiblemente exaltado que decidió pasar a la ofensiva contra la oposición, los medios y la Justicia. La escena se hizo pública el miércoles en el Congreso, donde el Presidente no dudó en calificar de «chorros», «corruptos» y «asesinos» a sus críticos, en medio de la defensa de Manuel Adorni y su gestión. Milei está convencido de que existe un «plan desestabilizador» en su contra y lo denuncia a los gritos y a través de sus redes sociales.
Sin embargo, la realidad social muestra otro escenario. Estudios de mercado y encuestas revelan un malhumor creciente en la población, no tanto por el caso Adorni, sino por la dificultad para conseguir y mantener empleos. Los datos indican que el 60% de los consultados conoce a alguien que perdió su trabajo y no logró reinsertarse. Aunque la inflación ya no es el único tema central y se valora la estabilidad del dólar, la angustia por la economía cotidiana sigue marcando la agenda.
En paralelo, la interna política y judicial hierve. Mientras el oficialismo avanza con fuerza en el Consejo de la Magistratura, el peronismo y figuras como Axel Kicillof buscan tejer sus propias alianzas estratégicas, tal como hicieron en la cena con senadores. Por su parte, Luis «Toto» Caputo mantiene una postura dura y el Presidente reafirma que no habrá cambios en el plan económico: «No nos vamos a mover un ápice de la ortodoxia», sentenció.