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Buenos Aires – Patricia Bullrich transita estas semanas una estrategia política de alto voltaje: marca distancia y expresa abiertas diferencias con el rumbo del Gobierno nacional en temas sensibles, pero al mismo tiempo se encarga de dejar en claro que no hay ruptura ni alejamiento de La Libertad Avanza. La jefa del bloque oficialista en el Senado viene delineando una agenda propia que en varios puntos choca con los intereses de la Casa Rosada, generando momentos de tensión que escalaron hasta niveles altos, para luego desactivarse con acuerdos de unidad que acomodan las piezas internas.

Dentro del oficialismo, reconocen que la senadora cuenta con un capital político propio y una trayectoria que le otorgan autonomía suficiente para tomar decisiones o fijar posturas sin consultar necesariamente al resto de la conducción. Sin embargo, es precisamente esa independencia la que suele generar roces y rispideces con los sectores más ortodoxos y alineados estrictamente a las órdenes que emanan de la secretaría general de la Presidencia, a cargo de Karina Milei, quien maneja con mano firme la estructura del espacio.

Miembros del Gabinete resumen su estilo de una forma muy clara: “Bullrich te llama cuando necesita algo, pero después se mueve sola”, una característica que admiten que todos conocen y aceptan como parte de su forma de actuar, y que por lo general no deriva en conflictos mayores. Así, la exministra mantiene su juego de equilibrio: se muestra como una voz crítica y con ideas distintas en temas clave, pero siempre bajo el paraguas del mismo espacio político, en una posición que también alimenta las especulaciones sobre su futuro y posibles aspiraciones electorales.