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Zona Oeste, Gran Buenos Aires – Macarena Patricia Camila Distefano, una joven de 30 años con miles de seguidores en redes sociales, se encuentra detenida y acusada por la Justicia Federal de integrar una banda dedicada a la comercialización de tusi, una droga de diseño muy demandada en el ambiente nocturno. Su caso llamó poderosamente la atención porque durante mucho tiempo mostró una vida de lujos, viajes, bienes costosos y cirugías estéticas, sin tener ninguna actividad laboral formal que pudiera explicar el origen de esos ingresos. Operaba principalmente en discotecas de la zona, entre ellas el reconocido Pinar de Rocha, y utilizaba plataformas como Instagram y TikTok para mostrar un estilo de vida alejado de su realidad fiscal y económica.

Su perfil en redes, donde acumula más de 65.000 seguidores en Instagram y 25.000 en TikTok, estaba lleno de imágenes y videos que mostraban viajes a destinos internacionales como Playa del Carmen en México y Medellín en Colombia, paseos en moto de agua, carreras en cuatriciclo en Pinamar, ropa de marca, compras en tiendas exclusivas como Shein, cirugías estéticas y tatuajes. En uno de los contenidos que se hizo viral, aparecía regalando casi un millón de pesos en zapatillas a un familiar, mientras decía con una sonrisa: “Estas son las turras”. Sin embargo, su situación legal y económica oficial contaba una historia muy distinta.

Según los registros oficiales, Macarena tiene su domicilio fiscal en una casa de una planta en el barrio de Villa Maipú, en el partido de San Martín, una zona de clase media trabajadora. Nunca tuvo un empleo formal, apenas fue monotributista durante seis meses hace años y no registra deudas ni gastos en tarjetas de crédito que sean acordes con lo que habitualmente publicaba. La investigación determinó que el dinero que financiaba todo ese lujo provenía de la venta de estupefacientes y de un supuesto “emprendimiento” de compra y venta de automóviles que utilizaba como fachada. Su caso se convirtió en un ejemplo paradigmático de cómo algunas personas utilizan las redes sociales para exhibir riquezas construidas sobre actividades ilegales.