Compartir en las Redes

El veto a la ley de financiamiento universitario puso en crisis la relación con Macri. El Presidente prefiere llevar al extremo batallas que tenían soluciones más simples. Se pone en marcha el aparato electoral y avanzan los pliegos de la Corte. Villarruel mandó a “bendecir” el Senado

El presidente Javier Milei pronuncia un discurso ante sus simpatizantes en Parque Lezama

Si no les gusta, que rompan. Se quedan con un partido de 15 diputados”. Esa frase, dicha por un colaborador del Presidente, resume el clima de hostilidad por el que transita el vínculo con Mauricio Macri por estas horas.

La fascinación del Gobierno por el conflicto es ya una marca registrada. Es el motor que los impulsa, pero no siempre los lleva a donde quieren ir. Javier Milei ha perdido el control de la agenda desde la sanción de la Ley Bases, a mitad de año. Desde entonces, la dinámica se genera a partir de temas que plantean desde la oposición y que él mismo convierte en causas épicas.

La pelea con las universidades no es una batalla cultural que decidió instalar el Gobierno, sino que es una pulseada política en la que Milei quedó a la defensiva. Para el Presidente, ejercer el poder es tomar decisiones (suele definirse a sí mismo como un “decision maker”), y por eso no tolera que sean otros los que decidan por él, y está bien. La suba de las jubilaciones y el aumento de los salarios de docentes universitarios son dos ejemplos claros de proyectos en contra de su voluntad aprobados por el Congreso.

Es una cuestión pragmática a la que, ya en el baile, la Casa Rosada viste con una pátina ideológica y agrega otras aristas como el arancelamiento a los estudiantes extranjeros, el adoctrinamiento, las auditorías de los recursos. Nada de eso es el centro del problema educativo hoy. Algo similar hacía el kirchnerismo: se montaba sobre los hechos consumados para declarar sus guerras a todo o nada, las extendía en el tiempo, sumando capítulos que nada tenían que ver con el origen del asunto.

Fuente: InfoB