Sierra Chica, Buenos Aires – Han transcurrido 30 años desde que la Unidad Penitenciaria de Sierra Chica se convirtió en escenario de uno de los motines más brutales y salvajes en la historia carcelaria argentina. Durante ocho días de extrema violencia en Semana Santa de 1996, la prisión se sumió en un caos sin control, marcado por actos de canibalismo forzado, fútbol con la cabeza de un recluso y la toma de una jueza como rehén.

El motín, que comenzó como una progresión de hechos violentos, culminó con una rebelión que desafió al Estado. La posterior reconstrucción de los hechos y el proceso judicial resultaron en condenas significativas. Marcelo “Popó” Brandán Juárez, Jorge Pedraza, Juan Murguia, Miguel Acevedo, Víctor Esquivel y Miguel Ángel Ruiz Dávalos recibieron reclusión perpetua. Otros doce imputados fueron sentenciados a penas de entre seis meses y 15 años, mientras que un acusado fue absuelto.

El debate oral para dictar sentencia se llevó a cabo cuatro años después, en el año 2000, en la Unidad Penitenciaria de Melchor Romero. Por razones de seguridad, los acusados siguieron el proceso a través de un sistema de audio y video desde sus celdas, un método inédito en la historia judicial argentina. El motín de Sierra Chica dejó una marca imborrable, exponiendo las profundas fallas y la brutalidad que pueden surgir en el sistema penitenciario.