La visita de Karina Milei a Shanghai para aceitar las relaciones políticas y comerciales con el regimen comunista encendieron luces amarillas en la administración Biden, que considera a Xi Jinping un enemigo geopolítico que intenta erosionar la influencia global de los Estados Unidos
Javier Milei y Joe Biden durante las sesiones del G7 en Itali
(Desde Washington, Estados Unidos) La Casa Blanca sufrió una fuerte desilusión diplomática cuando le aseguraron desde Balcarce 50 que Javier Milei participaría de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), pero que no tendría un encuentro informal con el candidato republicano Donald Trump. En esa época, Joe Biden buscaba su reelección presidencial y trataba de contener la agenda de campaña de Trump, que encabezaba todos los sondeos de opinión.
Las distintas líneas diplomáticas de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires creyeron la información de la Jefatura de Gabinete y la Cancillería, y ratificaron la visita oficial de Antony Blinken, que estaba participando de un cónclave del G20 de Brasil. Al secretario de Estado le gusta la historia contemporánea, y protagonizó una salida al Balcón de Evita acompañado por Milei y sus ministros Nicolás Posse y Guillermo Francos.
Un día más tarde, cuando en Gobierno se consideraba un éxito político la llegada de Blinken, Milei se abrazaba con Trump en la CPAC. “Usted es un gran presidente y espero que gane. Espero verlo otra vez. La próxima vez, como presidente”, le dijo Milei al candidato republicano.
Fuente: InfoB
