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Buenos Aires — La familia italiana Benetton concretó su salida del negocio agropecuario argentino con la venta de dos de sus principales compañías a un grupo de socios y directivos de Adecoagro. La operación comprende más de 900.000 hectáreas distribuidas entre las provincias de Buenos Aires, Río Negro, Chubut y Santa Cruz, y representa uno de los movimientos empresariales más importantes del sector rural en los últimos tiempos.

La adquisición fue encabezada por Mariano Bosch, CEO de Adecoagro, junto a otros socios y directivos de la compañía, aunque la operación se realizó a título personal y no a través de la empresa. El traspaso involucra a la Compañía de Tierras Sud Argentino y a Ganadera Cóndor, que hasta ahora pertenecían al holding de la familia italiana.

El movimiento también tiene una conexión directa con el Nordeste argentino, particularmente con Formosa y Corrientes, donde Adecoagro desarrolla una importante actividad agroindustrial. En Formosa, la compañía cuenta con 3.600 hectáreas propias destinadas a la producción arrocera, con sistematización total bajo el sistema de Nivel Cero, una tecnología que permite optimizar el uso del agua y mejorar la eficiencia productiva. En Corrientes, sobresale la Estancia El Oscuro, un módulo productivo de 11.700 hectáreas dedicadas al cultivo de arroz. De esta manera, los empresarios que ahora pasan a controlar más de 900.000 hectáreas en la Patagonia también tienen intereses productivos de peso en el NEA.

La Compañía de Tierras Sud Argentino fue fundada en 1889, originalmente bajo capitales británicos, y pasó a manos del Grupo Benetton en 1991, cuando la familia italiana comenzó a consolidar su presencia en el negocio agropecuario nacional. La mayor parte de las tierras se encuentra en la Patagonia: el 60% en Santa Cruz, el 33% en Chubut, el 5% en Río Negro y el 2% restante en Buenos Aires.

El negocio tiene como principales actividades la ganadería ovina y la producción de lana: los establecimientos reúnen alrededor de 260.000 ovejas y 22.000 vacunos, además de desarrollar actividades agrícolas y forestales. En el sector agrícola cuentan con superficies destinadas a maíz, trigo, soja y girasol, mientras que el negocio forestal comprende unas 10.000 hectáreas de pinos implantados.

La magnitud de la operación vuelve a poner en discusión la concentración de tierras y el poder de los grandes grupos económicos sobre los recursos productivos del país. No se trata solamente de establecimientos rurales o unidades productivas: también implica el control de recursos naturales, capacidad de producción y estructuras comerciales e industriales vinculadas a los alimentos.