En Balcarce 50 se respira una mezcla de esperanza y zozobra a medida que se acerca la visita del papa León XIV a la Argentina, prevista del 8 al 11 de noviembre. Un alto funcionario de La Libertad Avanza lo resumió con extrema sinceridad: “Tenemos toda la fe del mundo en que va a estar todo bien, pero también hay riesgos. No vaya a ser cosa que la visita se nos vuelva en contra y se transforme en un infierno”. La Casa Rosada aspira a capitalizar el acontecimiento histórico de cara al año electoral, pero al mismo tiempo reconoce abiertamente el temor por lo que el Sumo Pontífice pueda expresar en suelo argentino.
Nadie espera que León XIV hable como un dirigente opositor del gobierno de Javier Milei. Sin embargo, sus antecedentes y la línea que ha marcado desde su ascenso a la cúpula del Vaticano bastan para suponer que su mensaje responderá a la doctrina social de la Iglesia y no a las recetas de ajuste o “motosierra”. El propio nombre que eligió como homenaje a León XIII —papa que defendió la justicia social, la compasión y la protección de los más vulnerables— delinea con claridad el rumbo de su magisterio.
El Papa no necesita criticar al Gobierno para incomodarlo: le basta con ser fiel a sí mismo. Su prédica sobre los pobres, la distribución de la riqueza y la dignidad del trabajo entra en tensión natural con políticas que han reducido el rol del Estado y recortado presupuestos sociales. Por eso, en Balcarce 50 conviven el entusiasmo por recibirlo y el temor de que su sola presencia y sus palabras terminen resonando mucho más allá de lo que el oficialismo esperaba escuchar.