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Hangzhou, China – En un escenario donde la Inteligencia Artificial crece a pasos agigantados, la Justicia china marcó un precedente clave: reemplazar a un trabajador por sistemas de IA no es, por sí solo, una causa válida para un despido legal. El fallo, dictado por el Tribunal Popular Intermedio de Hangzhou —conocido como el Silicon Valley del país—, se suma a otra resolución similar dictada en Beijing meses atrás, y empieza a configurar una jurisprudencia que protege el empleo frente a la modernización tecnológica, en un sector que ya mueve más de 175.000 millones de dólares y reúne a más de 6.200 empresas.

El caso que abrió el camino fue el de un técnico sénior de apellido Zhou, encargado de filtrar contenidos y gestionar consultas de usuarios, tareas que su empleador comenzó a derivar totalmente a herramientas de IA. Ante esta situación, la empresa le ofreció una indemnización de unos 45.350 dólares o el traslado a un puesto inferior con una reducción salarial del 40% —de 25.000 a 15.000 yuanes mensuales—. Zhou rechazó ambas opciones y recurrió: el arbitraje laboral y luego la justicia le dieron la razón, al establecer que la incorporación de tecnología no entra en la categoría de “cambios sustanciales en las condiciones objetivas” que la ley habilita para cesantías. Para el tribunal, eso solo aplica a situaciones como traslados, fusiones o reestructuraciones profundas, no a decisiones internas de actualización tecnológica.

Un criterio idéntico se aplicó en Beijing en diciembre de 2025: un recolector de datos de mapas fue desplazado tras la implementación de sistemas automatizados, con el argumento de que la firma necesitaba modernizarse para mantener su competitividad. La Justicia rechazó el planteo, declaró ilegal el despido y ordenó el pago de indemnizaciones correspondientes. Ambos fallos coinciden en un punto central: la adopción de IA no equivale a una imposibilidad de cumplir el contrato laboral ni justifica por sí sola la eliminación de puestos de trabajo.

Este marco legal cobra especial relevancia en China, donde el sector de la inteligencia artificial tiene una proyección de crecimiento explosivo: se estima que para 2030 su nivel de penetración en la actividad económica superará el 90%. Tal como advertía un informe de Goldman Sachs de 2025, el impacto real de la tecnología en el empleo depende directamente de cómo regulen y apliquen estas herramientas los empleadores. Ahora, con estas sentencias, el país asiático define que el avance tecnológico debe convivir con la protección de los puestos laborales, y que el hilo jurídico que los une no se corta simplemente por la llegada de nuevas máquinas.