Franco Sottile falleció la tarde del viernes 12 de julio en Tandil luego de sacrificar su vida para que un inconveniente en una práctica aérea no matara a dos miembros de la fuerza. El relato íntimo de la familia de la víctima y la historia de lo que pasó a cuarenta metros del suelo cuando los dos paracaidistas caían violentamente
Franco Sottile, el primero desde la izquierda, junto al equipo de las águilas azules, el equipo militar de paracaidismo representativo de la Fuerza Aérea
Al sur del centro cívico de Río Cuarto está el Aeroclub. Son quince minutos en auto. Queda del otro lado de la ruta 8, desde donde se distingue en perspectiva el vuelo de aviones, avionetas, aeronaves varias. Franco Sottile podía ir a clases de natación, jugar a la pelota en el Club Atlético y Social San Lorenzo, hacer travesuras con sus amigos, correr en motocross pero su fascinación, su perdición, eran los aviones. Sumaba horas de juego con sus juguetes y horas de contemplación con los reales. Por eso nunca dudó ni desvió su atención con otros estímulos. Él quería vivir arriba, cerca o desde un avión. Así también murió.
Cuando terminó la primaria, se inscribió en una escuela secundaria con cierta filiación militar: cursaba de seis y media de la mañana hasta las doce del mediodía y desde la una y media de la tarde hasta las seis. Un transporte lo pasaba a buscar y lo devolvía a su casa. No había en su árbol genealógico una tradición castrense: su papá Carlos, dedicado a la instalación de cañerías de gas y de agua, apenas reconoce un genuino agrado por el estereotipo. “Me gustaba lo que escuchaba del servicio militar: el respeto, la educación, la vestimenta, el trato, la educación, el orden. Y me encanta ver los desfiles. Pero se ve que le gustaba muchísimo más que a mí”, dice.
Fuente: InfoB